sábado, 23 de abril de 2011

La Niña [Quinta Parte]


Al oir que su propia abuela les decía que Clara era la verdadera madre de Zocurie, las niñas se quedaron tan pero tan preplejas que no se les ocurrió nada más que decir. La abuela las abrazó muy fuerte y les dijo que fueran fuertes, que todo iba a salir bien. Casilda, se sintió mal por haberles dicho tan de repente el secreto de que Clara era la verdadera madre de su hermano, aquel con el que habian jugado durante mucho tiempo; aquel que con ellas creció desde que tenía seis meses. 
Pasaron alrededor de dos minutos de estar en silencio, cuando ya volviendo a estar en sí, Sabina le dijo a su abuela:
- Abuela, quiero que nos cuentes completa la historia de Zocurie. Queremos que nos digas en sí qué ha pasado, por favor-
Su abuela, estaba entre decirles o no decirles; pero decidió mejor contarles y acabar con la intriga.
-Verán... cuando Clara estaba embarazada- Y en ese momento llegó Clemente, su padre, quien les dijo que ya los carruajes estaban listos para ir a la misa y después al entierro.
-Me alegra que estéis listas como os lo he pedido. Id hacia nuestro carruaje y abordarlo. Suegra, usted acompañenos en ese por favor-
Annelise, entonces le dijo: -¡Espera Padre! Nuestra abuela esta contandonos cuando...-
-De acuerdo. Ahora vamos- Interrumpió la abuela. Ella no quería que su padre descubriera que le estaba contando esa historia, así que se fue con ellas.
Como era la costumbre, el cuerpo de la madre, viajaba en el carruaje de hasta adelante, en el carruaje negro, y hasta con caballos negros. En el carruaje de la familia de Annelise, cabían todos perfectamente, pues como era de esperar, Zocurie viajaba con los Licurazao, y ahi iban un poco mas apretados.
Las demás familias, también eran de alta clase, estaban entre ellos los Meplufor, una familia muy severa que castigaba mucho el pecado, pero que perdían el tiempo criticando las creencias de las demás familias; ellos pensaban que su religión era la única y en la que debían de creer... el cristianismo. Estaban también los Tonseminof; una familia que al contrario de los Meplufor, soportaban las demás creencias, y eran católicos; su hija mayor era minusvalida; ellos se conformaban por el padre, la madre y cinco hijos, quienes de ellos tres eran hombres y dos mujeres, la mayor y la menor. Esa familia se caracterizaba porque todos siempre habían estudiado algo de medicina o herbolaria; y de ambas ramas de la familia. Ellos pensaban en que la salud era muy importante y que no se podrian casar con alguien mas que no fuese médico. El padre y la hija mayor de esa familia, fueron de las primeras personas en las que Cándida y Clemente confiaron para que le curaran a Annelise de su enfermedad, aunque no lo lograron con infusiones de yerbabuena con menta y eucalipto. Otra familia por ejemplo, eran los Esfrúcuso, quienes se habian hecho de gran poder entre las demás familias por pedir grandes dotes de dinero y bienes casando a sus hijas; sus siete hijas, con hombres ricos que además de darles dotes, también pensionaban a su familia.
En fin, iban esas y otras familias hacia el entierro. Cuando llegaron al cementerio, Annelise y Sabina estaban tomadas de la mano, cuando sentían miedo se presionaban más fuerte. Del carruaje de los Licurazao, bajaron Zocurie y dicha familia; Zocurie, al igual que Annelise y Sabina tomaba y apretaba la mano de alguien, pero ésta era la de Clara. Así, Plácido se quedó mirando mucho al niño, pues él sabía que ello le intimidaría, pero el niño al voltearlo a ver le exresó una mirada de tristeza y compasión, a lo que el jefe de los Licurazao decidió no intimidarle; comprendió entonces que el niño tenía un gran dolor por la pérdida de su madre, y necesitaba consuelo materno, mismo que Clara estaba dispuesta a darle; sin embargo, había algo en Plácido que hacía que el prefiriera que Clara y Zocurie estuviesen lejos... tal vez eran celos, tal vez sentía que Clara ya le había dicho quien era su verdadera madre, tal vez él solo quería que el chico se fuese con su familia a conciliarse entre todos y sentía que a ellos como familia ajena no les correspondía el tener que estar con Zocurie, o tal vez ninguna...
Al estar todas las familias reunidas, dieron paso a la ceremonia de entierro. El día se empezó a tornar muy soleado, y las mujeres sacaron sus sombrillas oscuras para evitar acalorarse por la luz del Sol.
El sacerdote empezó agradeciendo a todos los ahí presentes por la participación en esa ceremonia y despues prosiguió a leer las palabras que en uno de sus pequeños libros se encontraban.
Todos rezaban, oraban para que su alma fuese a donde van las almas de las personas que han sido buenas en su vida, y que encontrase la luz en el camino para poder volver a vivir en otro cuerpo si es que se le permitía.
Sabina y Annelise recargaron sus cabezas en sus hombros y lloraban tenuemente. Su abuela, les observaba desde frente, ella había decidido ocultarse entre la demás gente para que sus nietas se concentrasen más en rezar y menos en lo que ella les iba a contar.
Terminada la ceremonia, y tras haber enterrado el cuerpo de la madre, todos tristemente empezaron a retirarse; pero cuando los Licurazao se despedían, notaron que alguien faltaba... Zocurie.
Le avisaron entonces a Clemente, quien de inmediato empezó a buscar por todo el cementerio a su hijo.
Zocurie no saba señales de vida; sus hermanas le gritaban, y el seguia sin responder. Mientras buscaba en uno de los arboles que decoraban el cementerio; un gato blanco con una mancha café oscura en el ojo cayó sobre la espalda de Annelise, que se encontraba agachada y se fue corriendo hacia un árbol más ancho que se encontraba en el fondo. Annelise, fue corriendo a seguir al gato y encontró en una especie de agujero que tenia el tronco a su hermano dormido. De inmediato corrió a por Sabina y su padre, quienes lo despertaron y lo llevaron de vuelta al carruaje.
Estando dentro del mismo, Zocurie les dijo:
-He soñado con mi madre, ella me ha revelado un secreto que dice que guardó por mucho tiempo-
Annelise y Sabina se voltearon a ver mutuamente, insinuando con sus miradas que el secreto era la historia de la Abuela; sin embargo, Clemente al preguntarle sobre ese secreto a Zocurie, éste le dijo: -cuando lleguemos a casa lo verán- y de ahi no dijo una palabra más.
Durante el camino, la Abuela no hizo mas que ver al niño con un temor, temor de que realmente tuviese conexiones espirituales con su difunta madre y decidió esperar a ver lo que sucedía.
Del silencio de todos, empezó a oirse un ligero gemido femenino, era Annelise que había recordado el sueño que había tenido el dia en que su madre murió; aquel sueño que la inquietó un tanto. Su abuela la abrazó y trató de consolarla diciendo que su sueño solo era un aviso del destino, ese destino que muchas veces noes es dificil cambiar.
Una vez mas tranquila, la abuela le dijo: -Verás Annie, hay algo que realmente me preocupa de tu sueño.
-¿Qué te preocupa Abuela?- Preguntó Annelise
-Lo que me preocupa es la lluvia con sol; pues la lluvia representaba la tristeza; pero la luz del Sol, quiere decir que ella no se ha ido del otod, que estará de cierta forma con ustedes; y eso es lo que me preocupa-
-¿Porque te preocupa abuela?- Preguntó Sabina.
-Una persona no descanza en paz cuando está atada a su familia. Lo que queremos es que su madre descance en Paz-
Después de haber dicho eso se encontraban ya en la casa. Zocurie entonces se adelantó a entrar en la casa. Los sirvientes le abrieron y el se dirigió a la habitación de su madre. Los demás le siguieron para ver qué hacía. Zocurie quitó uno de los mosaicos cercanos al tocador. El mosaico que quitó realmente habia sido despegado con anterioridad por alguien más. De ahi saco una caja grande que no se veia muy polvosa.
Puso la caja en la cama de su madre y volvió a colocar el mosaico donde correspondía. Al abrir la caja, encontró tres cajas de diferentes colores. La Morada le pertenecía a Sabina. La rosa a Annelise y la azul a Zocurie, el cual habló.
-Este es un presente que nuestra madre Cándida, que Dios tenga  en su divina gracia les dejó hermanas-
-¿Cómo supiste de esto?- Interrogó Sabina
-Mi mamá me lo dijo
-Gracias Hermano- Dijo Annelise, quien tomó a Sabina del brazo y la jaló para salir. Se dirigieron a su alcoba.
Al abrir la puerta, sentada en su cama estaba su Abuela, quien con un gran temor les dijo:
-Ahora si niñas, les contaré la historia de Zocurie...-

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