sábado, 16 de junio de 2012

La Niña [Sexta Parte]

Verán... todos ustedes, los hijos de Clemente y Cándida fueron algún día bendecidos hace mucho tiempo, incluso desde antes de nacer, antes de nacer. Mi abuela, la madre de mi madre; fue quien contrajo matrimonio de un joven hechicero. Ese joven era muy muy talentoso, y practicaba la más blanca de las magias. Le gustaba sanar, oraba por los demás y hacía siempre las cosas con su mejor esfuerzo. Por esa razón, a su tatarabuela no le importó casarse con un brujo, y él siempre la trató muy bien.
Un buen día, ellos tuvieron una hija. Se llamaba Jana. Ella fue mi madre; y con su nacimiento inició todo.
Su tatarabuelo pequeños, fue quien bendijo a esa niña, a la cual quiso con todo su corazón y por la cual se esforzaba hasta tres veces más. El amor en esa familia era de lo más grande. Todo parecía ser hermoso; vivían en una casa a las afueras del pueblo, un tanto cerca del bosque, pero eso les servía porque de vez en cuando mi abuelo llevaba a mi madre a recoger frutos, hierbas, agua y semillas.
Mi abuelo amaba a mi abuela, y a mi madre aún más; pero un buen día, en época de verano hizo mucho calor. Nunca había ocurrido un verano en el que el calor hacía emerger a las hormigas del suelo con flamas. Los animales del subsuelo salían quemados y las plantas secaban. Los incendios se hacían frecuentes y eso hizo que el rio empezara a secarse, el alimento se acababa y todo el pueblo estaba a punto de morir.
En un día donde se daban las esperanzas perdidas, el padre de Jana decidió realizar un conjuro para poder tener de nuevo el ambiente de antes, y es que un volcan estaba a punto de surgir, por ello es que el cambio de clima se dió así.
Convocó a los poderes de la naturaleza y al día siguiente el clima se hizo totalmente opuesto. Ef frío calaba demasiado y muchas personas empezaron a tener hipotermia en el pueblo. Asi que el mismo hechicero fue quien se sacrificó para poder recuperar el clima que existía antes de haber el insoportable calor.
El no perdió la vida, pero se deshidrató mucho, pues para poder lograr que todo volviese a ser templado como ya lo había sido, derramó lágrimas, transpiró sudor e incluso llego a correr por su piel sangre, producto de las heridas causadas por el desgarre al coger ciertos instrumentos.
Dos meses después, el volcán que al parecer iba a emerger, cesó su actividad y solamente alcanzó a ser un pequeño monte. La gente volvió a vivir en paz y la naturaleza recobró su forma. Sin embargo, él advirtió que ello no iba a durar mucho tiempo, que cuando el volcán quisiera renacer de nuevo, una niña, descendiente de él habría que dar la señal; esta niña derramaría los líquidos necesarios para que la tierra estuviese satisfecha y no dejase emerger al volcán, pero que de la misma forma, esa niña sería quien le daría un sacrificio a la Luna, el astro que controla el agua de la Tierra para mantener al pueblo en paz.
Esa niña es evidentemente Annelise, y la persona que ha sacrificado es evidentemente Cándida, su madre.
Al escuchar esto, Annelise no pudo sentirse más culpable, culpó al científico que le dijo que la Luna era quien controlaba las aguas de la Tierra, se culpó a sí misma por desear acabar con su enfermedad e inconscientemente sacrificar con ello a su madre... se sintió completamente devastada, no tenía palabras para expresar su odio hacia sí misma y comenzó a llorar de impotencia.
Sabina entonces le abrazó y le dijo que la historia no estaba aún completa, faltaba la última pieza del rompecabezas... Zocurie.
Así pues, la abuela empezó.
La historia de Zocurie es triste, la de su madre, Clara, lo es más.
Clara trabajaba como panadera en el pueblo, ella era amiga de su madre, quien diariamente iba a comprarle pan para ayudarle al padre de Clara, un hombre muy generoso, que era grande de edad. Clara conoció a Francés, un hombre que aparentemente era muy bueno, pero que en el interior era una calumnia de persona. Al inicio, Francés trataba de igual forma de ayudar a Clara y a su padre; sin embargo, lo hacía con el único fin de enamorar a Clara dándole su caridad. Clara notó esto desde el principio y nunca le hizo caso en el sentido de desear tener una relación amorosa con él. Un día, Cándida, su madre, le presentó a un amigo de ella: Plácido, quien era dueño de un establo muy famoso en donde se rentaban y compraban los más hermosos caballos de todo el condado. Sin embargo, la salud del padre de Clara empezó a empeorar día con día y una de las últimas voluntades de él era que Clara contrajese matrimonio con Francés, pues ese hombre les había ayudado mucho los últimos años y se le tenía que agradecer de cierta forma.
Clara entonces tuvo que resignarse y cumplir con las últimas voluntades de su padre, contrajo entonces matrimonio con Francés y abandonó a Plácido, quien se convirtió en su mejor amigo.
Tuvieron dos hijos, Lita y Caín, quienes vieron cómo es que su padre agredía a su madre por ser una persona muy posesiva; él se enojaba cuando Clara sonreía a algún otro hombre, aún si fuese una vista, le enojaba ver a Clara arreglada para ver a alguien más y no la dejaba salir sola. Cierto es que le dio una vida de reina, pero también la tenía encerrada en una jaula de seda y oro, cuidando a sus hijos y además agrediendola hasta llegar incluso a dejar en cama.
Un día, mientras Francés no estaba, Clara fue a dar un paseo por el pueblo para comprar algo de ropa y fue ahí en donde se encontró con Plácido quien al verla golpeada, le preguntó si las cosas iban bien. Clara respondió que sí, que todo era perfecto en su vida y no necesitaba más. Plácido no le creyó del todo, pero le dejó ir  y decidió comenzar a espiarla. En las noches, Plácido mandaba gente a vigilar de cerca si habían agresiones, de día preguntaban a los niños cuando Francés salía a ver a los trabajadores del campo y se enteró por medio de sus hijos todo lo que Francés le hacía a Clara.
Impotente, Plácido esperó a la noche; decidió alterar una botella del más fino vino y enviarla con un hombre que se la dio de parte de "el caballo blanco". Sin importar de quien procedía dicho vino, Francés decidió beberlo y a la hora quedó profundamente dormido. Plácido entró sin problema a la casa de Clara y estando ahí, en la misma alcoba que ella, bajo la luz de la Luna que apenas menguaba, hizo el amor con ella... tan apasionadamente como nunca antes lo había hecho por una mujer, todo fue romántico y perfecto; consumaron el más hermoso puro acto de amor con un "Te amo, y lo haré aunque me cueste la vida".
Acto seguido, despertó Francés un poco descontrolado, pero más consciente y al ver la escena, se llenó de coraje, empezó a insultar a Clara diciendole que era una ramera y de inmediato se fue contra ella.
Plácido le detuvo y comenzaron a pelear con puño limpio y sangre justa, hasta que Clara le enterró un cuchillo en el corazón a Francés, diciéndole: "Ahora sentirás el mismo dolor que yo cuando me dejé llevar por mi padre y sus voluntades y abandoné a quien es el amor de mi vida. Ahora sentirás el dolor en el pecho que he vivido al tener que soportar tus gritos, insultos y amenazas, ahora..." y antes de que finalizase la oración, Clara pudo ver cómo el alma de Francés emergía de sus ojos, dejando su cuerpo sin vida.
Esa noche fue muy dolorosa para ella, pues asesinar a alguien no era tarea fácil; había un castigo que pocos conocen... el remordimiento.
Meses después, el mismo remordimiento de aquella noche seguía en ella, pero esta vez se hacía más y más físico, y ella lo podía sentir en su vientre. Estaba embarazada, era el hijo de Plácido.
Cándida, su madre, quien seguía frecuentando a Clara, supo de su embarazo y decidió ayudarle a acabar con el remordimiento que sentía en su interior. Habló con su esposo, Clemente para ver la posibilidad de adoptar a esa criatura que estaba esperando. Clemente accedió y finalmente lo dialogaron con Plácido, quien aunque no deseaba que eso sucediese, porque era el primer hijo que él llegase a tener, accedió por el amor que sentía por Clara y decidió que se haría lo que a Clara hiciese más feliz.
Tiempo después nació un niño, quien fue llamado Zocurie. Annelise y Sabina, quienes eran ya unas niñas, entendieron que Zocurie no era su hermano legítimo, pero que debiesen amarlo como si lo fuese, e incluso más y con dolor, pero también con alivio, Clara le dejó al niño.
Conforme pasó el tiempo, Clara dejó de ver a Zocurie como un símbolo de resentimiento y dolor liberados por aquel asesinato, y empezó, como Plácido, a verlo como el símbolo del amor entre ella y Plácido.
Sin embargo, las cosas ya no eran tan sencillas, ahora el niño era más grande y para él, la única madre que tenía era Cándida, de menos hasta aquel momento.
Es por ello que Clara y Plácido venían muy frecuentemente e invitaban a salir mucho a la familia; lo hacían sólo para ver cómo es que iba creciendo el producto del amor entre ellos y la libertad de ella.
Ahora que Cándida, quien fuese su madre adoptiva ha muerto, ha encontrado en Clara a su verdadera madre, la sangre le ha llamado y es justo que regrese con ella, pues él no comprende del todo lo que es la vida.
Las niñas se miraron mutuamente y Annelise agachó la cabeza intentando aceptar las palabras que su abuela había pronunciado. Ellas dos habían sido desde el principio y estarían juntas hasta el final.
-Abran las cajas que Zocurie les dio niñas, ¿no lo desean?- Dijo la abuela.
-Sí, tienes razón abuela, veamos qué es lo que nuestra madre nos dejó- contestó Sabina
Habiendo hecho esto, abrieron las cajas. La rosa, que era la que tenía Annelise, tenía una hermosa piedra roja con un frasco vacío y algunas hojas viejas de papel. La de Sabina contenía una coronilla con un cetro pequeño y tres flores secas. Ninguna entendió el significado del regalo, pero la abuela, como prediciendo el futuro, solamente dijo:
-Son simbolismos hijas, son simbolismos...-
-Es lo que siempre dices abuela y no quieres explicarnos- Replicó Sabina
-Es porque mi deber no es decirles las cosas tal cual son; son ustedes quienes deben interpretar todo lo que sucede en esta realidad-
-...Por cierto abuela, tengo una duda, ¿Por qué es que mi madre aún sigue enviándole señales a Zocurie?-
-Tal vez es porque su madre no debía de ser la persona que debiese morir, tal vez tiene aún un pendiente más, o tal vez ninguna querida hija...-
Annelise salió de la habitación, ella entendió con ese comentario de su abuela, que quien debió morir era ella y no su madre... así que empezó a idear un plan para acabar con su vida...

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